15 de septiembre de 2020

Los diferentes formatos a través del tiempo

Siempre, desde que el videojuego como tal llegó a nosotros a principios de los años 70, ha ido evolucionando en su concepto, posibilidades y forma de uso. Respecto a esto último, los jugadores hemos ido conociendo, con el paso del tiempo, diversos sistemas de funcionamiento y almacenaje que tuvieron, tienen y tendrán, al igual que todas las cosas, sus ventajas e inconvenientes. Hoy, en este post, quiero hacer un rápido repaso a cada uno de ellos además de una reflexión final sobre el tema...

Comenzaré por el primero que tuve la fortuna de conocer: las máquinas arcade. Si bien con los años su aspecto y prestaciones fueron mejorando para ofrecer nuevas experiencias sensoriales, durante mucho tiempo todos los juegos se presentaron en un atractivo mueble vertical de madera, con una gran pantalla y, normalmente, dos palancas y sus correspondientes botones asociados que permitían jugar a dos personas al mismo tiempo. Por supuesto, dependiendo del título en cuestión, había variaciones concretas pero este era el diseño habitual, muy cómodo de utilizar siempre que no fuera durante largos periodos de tiempo pues se solía jugar de pie aunque algunos sitios daban la opción de sentarse en aquellas butacas fijas o giratorias que solíamos ver en los bares. 

Claro que no todo eran ventajas pero tampoco nos importaban cosas como el hecho, evidente, de no disponer de los susodichos juegos en casa en su formato original además de tener que pagar por cada partida, algo que a día de hoy sería absolutamente inviable pero que aceptamos de buen gusto sobre todo porque no había otra cosa. O así fue hasta que llegaron los sistemas domésticos...

El primero que a mí me ofreció dicha posibilidad fue el Amstrad CPC 464 Plus, que contaba con dos formatos bien diferentes: cinta de casete y cartucho. Resulta obvio que, en cuanto a prestaciones, las cintas palidecían al lado de los cartuchos y similares pero también tenían sus ventajas al respecto como, por ejemplo, su bajo precio y la facilidad para hacer copias que permitían, en aquel tiempo, acumular una gran cantidad de material. Por contra, su lentitud de carga podía desesperar en algunos casos, pero más lo hacía cuando se producían ciertos problemas de lectura, a menudo irreparables. Aun así muchos disfrutamos y guardamos buen recuerdo de las viejas cintas de casete. 

Y, naturalmente, de los cartuchos ya mencionados que sirvieron como soporte físico a los juegos de consola hasta finales del pasado siglo. He hablado antes de la carga de los juegos en cinta, y eso fue algo de lo que nos olvidamos con el cartucho, ya que su velocidad de lectura hacía que todo el juego se presentara y disfrutara sin una sola interrupción. Parecía el formato perfecto pero también tenía (y tiene puesto que las tarjetas actuales funcionan de una manera similar) sus desventajas, siendo una de estas su elevado coste de producción, mayor cuanta más memoria se requería para almacenar un determinado juego. 

A pesar de ello, el cartucho era mucho más resistente al uso que las cintas de casete e, incluso, que el soporte que los acabaría relegando al olvido y que ha llegado hasta nosotros en sus diversas variantes: el disco óptico, que desde su aparición a mediados de los 90 ha ido evolucionando en tamaño y capacidad pero que, debido a la inmensa velocidad de transferencia de datos que se requiere para hacer funcionar un juego actual, a día de hoy su utilidad se ha visto sumamente reducida a lo más elemental. 

No obstante, sigue siendo apreciado por quienes vemos en lo físico una forma de preservación a nivel particular que, junto al préstamo y el comercio de segunda mano, lo hacen atractivo frente a lo digital en este sentido a pesar de que no pueda competir en términos de comodidad e inmediatez, a lo que hay que sumar la tendencia de los últimos años hacia "mantener vivos" algunos títulos a base de actualizaciones constantes. El formato digital, en sus diversas plataformas, va ganando adeptos y ha conseguido en numerosas ocasiones imponerse en ventas al sistema clásico, por lo que pronto dominará el mercado...

Pero una nueva forma de consumo apareció hace unos años y, poco a poco, ha ido mejorando para convertirse en una opción antaño imposible pero ahora viable que, en un futuro cercano, podría merced al rápido avance en tecnologías de transmisión como el 5G, asentarse definitivamente y convertirse, a medio plazo, en la opción dominante de consumo de videojuegos. Me refiero, claro está, al juego remoto o por "streaming" que, de triunfar, hará que el concepto de "compra" sea olvidado para pasar al de "acceso", produciendo un hecho curioso como sería el de "regresar" en cierta forma a los tiempos antiguos, en los que jugábamos a juegos sin la posibilidad de hacerlos nuestros. Algo que llevo mencionando desde hace varios años y en lo que el paso del tiempo me va, progresivamente, dando la razón. 

Tranquilos, no me he olvidado de cosas como los disquetes o discos duros, que también han jugado y juegan su papel es esta evolución. A nivel personal no he tenido una relación muy larga con los primeros y los segundos no los considero en sí mismos un formato de videojuegos puesto que estos no han sido nunca comercializados directamente en dicho soporte pero si queréis que comente, como he hecho, sus ventajas e inconvenientes, puedo decir que el disquete era obviamente más rápido y disponía de mayor capacidad que las cintas de casete aunque, como estas, también eran bastante propensos a estropearse con facilidad y ya, con la aparición del disco óptico, no tardaría en quedar obsoleto. En cuanto al disco duro, su mayor ventaja es la de poder disponer de mucho contenido en un mismo soporte, pero esto es a su vez su principal inconveniente porque si se nos estropea podemos perder todo de una sola vez dependiendo de la gravedad de la rotura. 

En la actualidad existen muchos dispositivos de almacenaje que, en ocasiones, se han utilizado como formato de lectura de videojuegos pero siempre de una manera más reducida, ya sea en casos concretos o para un sistema determinado, y ninguno de ellos parece capaz de detener la evolución que he ido comentando y que nos ha llevado hasta lo que tenemos hoy. Podemos entonces dar por sentado que, en algún momento, estas opciones dejarán de existir al menos a ojos de la industria y, por añadidura, de los futuros usuarios, esos que comenzarán o se pasarán muy temprano a una forma de consumo que los de mi época jamás soñamos que llegaríamos a conocer. 

Ha pasado mucho tiempo desde aquel lejano inicio hasta ahora y, como habéis visto, varias han sido las formas en las que el videojuego se nos ha hecho accesible. Todas tienen cosas buenas y malas, y es complicado decir que haya una por encima de las demás aunque ello no impide que, a nivel particular, podamos sentir un mayor cariño hacia un formato concreto por las experiencias vividas durante el momento en el que estuvo vigente, pero hay todavía una pregunta de más difícil respuesta: ¿qué será lo siguiente? ¿Habrá algo más allá de lo que está a punto de venir o se mantendrá así hasta que el videojuego como tal desaparezca (si lo hace algún día) en pos de otras formas de ocio que puedan surgir en el futuro? 

Solo una cosa tiene en común todo cuanto aquí he descrito y esta no es otra que, sin importar el envoltorio, los videojuegos nos han proporcionado a lo largo de todos estos años incontables horas de diversión, despertando las más variadas emociones. Y continuarán haciéndolo para quienes sigan en este mundillo aunque algunos, dependiendo de las circunstancias, tal vez lo acabemos abandonando o, al menos, detengamos nuestro andar para permanecer en un sitio concreto del camino ya recorrido en el que nos sintamos más a gusto...

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