21 de septiembre de 2020

Las consolas, el PC y su maldita evolución

Lo digo de antemano, este post solo lo van a entender en mayor o menor medida los más veteranos, aquellos que como yo han vivido los videojuegos desde hace más de treinta años, que han conocido sistemas como el Amstrad o el Spectrum, que visitaron con frecuencia los salones recreativos, que vieron el nacimiento del PC y han evolucionado a la par de las sucesivas máquinas que han ido llegando al mercado hasta hoy. Para el resto, especialmente los más jóvenes, será una muestra de pensamiento arcaico, desapegado de la actualidad y carente del criterio que ha convertido lo que antaño fuera algo simple y directo en un océano de una enorme complejidad repleto de términos y conceptos inalcanzables para el profano en estos temas... 

No voy a mentir diciendo que no he disfrutado de esta generación que estamos a punto de dejar, al menos en un sentido comercial, pero desde luego no lo he hecho como lo hacía antaño. De acuerdo, diréis que de joven se ven las cosas de otro modo y aunque eso es cierto también lo es que los videojuegos o, más bien, la forma en la que se accede a los mismos, su uso y posibilidades, tampoco es como fue. Y todo apunta hacia un único culpable: el PC, pues ha sido esta plataforma y los diversos enfoques que ha tenido con el paso del tiempo los que han ido cambiando a las consolas en mi opinión para más mal que bien. 

Hubo un tiempo en el que las consolas fueron un medio que permitió, gracias a su funcionamiento simple y directo, jugar a una serie de títulos pensados única y exclusivamente para su arquitectura. Existía una simbiosis perfecta entre hardware y software donde la calidad de este último dependía sobre todo de la habilidad de los programadores mientras que el PC, que llegó después, se limitaba a cumplir su primigenio papel de máquina para trabajar con una mayor eficacia que sus predecesores, los viejos computadores de 8 bits, más pensados para jugar que para otras tareas. Prueba de esto eran los primeros juegos con gráficos CGA, que aún en una máquina más potente palidecían en lo visual frente a muchos de los del resto de plataformas pero pronto esto fue cambiando con el paso de los años al tiempo que se lograba ejecutar cosas como audio y/o vídeo que pronto convirtieron al PC en un verdadero centro multimedia, capaz de hacer de todo. 

Sin embargo podemos decir que, a día de hoy, la función principal de un ordenador es la de jugar, pues todos los componentes están enfocados a obtener una cada vez mayor potencia en aspectos como la velocidad de proceso, tanto de operaciones lógicas como gráficas, rapidez y amplitud de memoria para ejecutar un mayor número de tareas y efectividad en el almacenaje y uso de datos. Ello no quita que se pueda seguir utilizando para un sinfín de cosas pero vamos, no creo que nadie se monte un PC de última generación para trabajar con procesadores de texto y hojas de cálculo, por poner un ejemplo.

Volviendo atrás en el tiempo, a mediados de los 90 el objetivo y uso de una consola seguía siendo el mismo que había sido hasta entonces: disfrutar de juegos de una manera inmediata y sencilla, a pesar de que el cambio de cartucho a disco hizo que se añadieran funciones adicionales como la lectura de discos de música y, en algunos casos, de vídeo pero esto se debió más al hecho de querer mostrar las posibilidades del nuevo formato que a un intento de convertir a las consolas en algo más que máquinas de juegos. Y así siguieron hasta ese fatídico día en el que llegó Internet...

Una vez más el PC, como centro de trabajo, fue el primero en hacer uso de la recién creada "red de redes" para facilitar la transmisión de datos entre sistemas remotos, posibilidad que no tardaría en ser adaptada al mundo del videojuego y que fue masivamente aceptada por aquellos que tuvieron la suerte de contar con una buena conexión en sus casas o pasaban las horas en aquellos famosos "cibers", que es como aquí los conocimos y que ofrecían el mismo servicio con, eso sí, una mayor velocidad gracias a las lineas RDSI y, posteriormente, al ADSL. 

Para entonces los salones arcade, antaño templos de ocio y lugares de reunión casi obligada para quienes disfrutábamos de los videojuegos que allí había, estaban empezando a sufrir la decadencia que tiempo después los conduciría a la extinción. Por otra parte, las compañías de consolas vieron en esto del juego en red un claro peligro para la tradicional forma de uso de los juegos domésticos y no tardarían en llevarlo a su terreno, siendo Sega con su Dreamcast la pionera a nivel comercial pero no interno, pues se sabe que ya hubo intentos de esto con Saturn que, dada la escasa capacidad de la tecnología por entonces disponible, no fueron a ninguna parte. Sony fue la siguiente en mover ficha y dotaría a PlayStation 2 de la misma posibilidad...

Pero sería Microsoft la que reventaría el mercado de dos formas. La primera con una consola, la Xbox, que era a todas luces un PC modificado en aspectos como el de llevar integrados en placa los chips de proceso y vídeo mientras que tanto el lector de DVD y el disco duro eran claramente los mismos que se podían encontrar en cualquier ordenador de la época. Obviamente, la compañía no quería entrar en el mundillo arriesgando con un hadware innovador y fue a lo seguro con la suerte de que la jugada le salió bien al igual que con el segundo punto, el del juego online de pago. Esto es algo que no termino de entender cómo pudo funcionar cuando, hasta entonces, tanto en PC como en consolas, había sido algo gratuito. Amigos míos me dicen que pudo ser porque en EE. UU. país de origen de la máquina, se paga por todo y se aceptó sin reparos pero aunque eso cuadre con dicho país, ¿qué pasa con el resto del mundo? ¿Por qué aquí en Europa, por ejemplo, se pasó de no pagar a hacerlo cuando no había motivos para ello ya que, a diferencia de ahora, entonces aún no existían contenidos adicionales sino que solo se jugaba online y tampoco había servidores dedicados, al menos hasta donde yo sé? Para mí sigue siendo un misterio...

Como es de esperar, ante el éxito de la Xbox, Sony y Nintendo no tardaron en subirse al carro y al final todas han acabado ofreciendo, con sus diferencias eso sí, una serie de servicios que también han encontrado en el PC un hogar en el que prosperar. Pero como quienes viven de este último sistema nunca parecen estar del todo satisfechos con el daño que han hecho y hacen, la influencia del mismo sigue actualmente golpeando sin piedad al resto en esta ocasión con algo que siempre fue patrimonio "pecero": las configuraciones de rendimiento. En consecuencia, estamos viendo con cada vez más frecuencia títulos que ofrecen diversas formas de uso que priorizan la resolución o la tasa de imágenes por segundo (FPS por sus siglas en inglés) para, de esta forma, tratar de contentar a quienes, a la hora de jugar, se inclinan por una o por otra en función de sus gustos.  

Y es este un tema que, en particular, tampoco entiendo porque creo que no ha habido nunca una obsesión tal entre los jugadores. A mi mente vienen recuerdos de "batallas" por los "megas" de un determinado juego o, cuando llegaron los polígonos a nuestras vidas, medir la calidad de un título por el número de estos que ponía en pantalla pero es que lo que está sucediendo con la resolución y los FPS es ya sumamente preocupante y, en mi opinión, innecesario. Se han alcanzado límites que nunca habíamos soñado pero, a pesar de que ya se ve todo muy bien, la gente quiere más y no se da cuenta de que es una auténtica estupidez, de que todo esto de los xK y los xFPS no son más que maniobras de marketing para llevarnos a comprar lo nuevo, y creo que puedo demostrar lo que digo con dos simples experimentos que voy a plasmar a continuación.

 

El primero es el del vídeo que podéis ver sobre estas lineas, que hace una comparativa del movimiento de una "pelota" a diferentes frecuencias de imágenes por segundo y, si bien los cortes en las primeras resultan obvios, no sucede lo mismo en el último salto. Sé que haría falta un monitor o TV de más alta tasa de refresco para percibir el cambio pero estoy convencido de que este sería mínimo en comparación con los otros porque, como también se puede comprobar en el siguiente ejemplo, el ser humano tiene sus límites y tanto el ojo como el cerebro no captan ni procesan tanta información a la velocidad necesaria para que el efecto pueda ser visible. Creo honestamente que 60 FPS es ya un estándar muy alto y bueno, al igual que lo es el 1080P y eso se va a ver, como dije, en la siguiente comparación... 



Habéis visto tres imágenes o, más bien, la misma imagen tres veces seguidas. En efecto, cada una tiene una resolución diferente pero, a simple vista, en una primera toma de contacto, parecen idénticas y esto demuestra que, en ciertas condiciones, un aumento de resolución no significa nada en conjunto, que solo sirve para percibir algunos detalles que normalmente, mientras jugamos, no vamos a ver porque estamos a otra cosa. Y mientras no se entienda esto y se piense que contemplar con detalle todos los pétalos de una flor o los rotos de una prenda es más importante que divertirse con los retos del juego en sí, como jugadores iremos por mal camino...

Siempre, aunque he tocado de todo, me he considerado jugador de consola pero, viendo el panorama actual y futuro, para mí hace tiempo que las consolas en su concepto original murieron en pos de una evolución que las ha transformado en algo que poco se diferencia de un ordenador en lo que al uso de videojuegos se refiere. Y es por esto, entre otras cosas, que miro al mundillo con desazón porque todo es cada día más complejo, más lioso y menos atractivo para quienes añoramos esa sencillez e inmediatez que nos proporcionaban aquellos antiguos sistemas de entretenimiento. Y es que incluso para poder disfrutar, vía emulación, de sus juegos hay que llevar a cabo una serie de tareas (instalar y configurar el emulador, buscar y descargar roms, etc) que lo hacen más difícil y pesado que la forma original.

Por todo lo aquí dicho, y otras cosas que me guardo, me da que mi periplo en el mundo actual del videojuego está próximo a su final definitivo. Es una idea que llevo sopesando ya mucho tiempo y las novedades que se van conociendo no ayudan a cambiarla. Todo lo contrario, la asientan y dotan de una cada vez mayor fuerza. Es evidente que algún día tendré que dejarlo pero esperaba que dicho momento tardase mucho tiempo porque, a pesar de mi edad, me sigo sintiendo lo bastante joven como para continuar disfrutando pero, visto lo visto, se puede decir no que me voy sino, más bien, que me echan así que, como se decía en aquella famosa película, "siempre nos quedará París" y, en lo que se refiere a este mundillo, todo lo que ya se ha hecho (que es mucho). Y a ello me agarraré para seguir aquí. 

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