17 de agosto de 2020

Resistencia al cambio


Es curioso lo que uno llega a percibir cuando analiza las cosas que ha ido haciendo a lo largo de los años y se da cuenta no solo de los cambios en las tendencias sino en uno mismo y la forma de ver el mundo que se va teniendo en cada etapa. En lo que se refiere a los videojuegos, mi larga permanencia en este mundillo me ha dado para conocer y experimentar muchas cosas, buenas y malas, que han conformado mi percepción actual pero esta no es ni mucho menos una percepción cerrada, pues al igual que ha ido cambiando hasta ser la que es hoy, sin duda seguirá haciéndolo en el futuro. Hoy quiero hablaros de ello...

Y lo haré porque creo que, aunque sea mi experiencia personal, muchos se podrán sentir de alguna manera identificados con lo que aquí diga porque lo que he vivido no es para nada algo exclusivo y seguro que os ha ocurrido a más de uno. Si echáis la vista atrás mientras leéis estas lineas, tal vez descubráis que habéis pasado como yo por un periodo de transformación que ahora, con la llegada de la que muy posiblemente sea la última generación que conozca el formato físico, os enfrenta a un cambio para el que muchos no están aún del todo preparados... y me incluyo.

Quienes lleváis conmigo en este blog ya un tiempo sabéis lo que pienso sobre el futuro del soporte en el que se nos ofrecen los videojuegos, por lo que no creo que sea necesario redundar en el tema pero por si alguien no está al tanto, no me importa decirlo una vez más: creo que lo físico tiene los días contados, que lo digital es lo que manda cada vez más en el mercado y que en un futuro no muy distante dejaremos de preocuparnos por comprar porque todo estará en la Nube. Y esto, para alguien que ha vivido prácticamente todas las etapas de la evolución de los diversos formatos y su aceptación por parte de la comunidad, es algo que a día de hoy continúa siendo difícil de aceptar, si bien poco a poco me voy inclinando a dar el paso. 

En parte lo tengo que hacer si quiero seguir al día en este mundillo, aunque este no sea precisamente el de todo aquel que adquiere un nuevo sistema nada más salir al mercado. Al contrario, mi tendencia actual es la de dejar pasar tiempo para dejar que todo se asiente. Prueba de ello es que compré la PS4 en 2018, cinco años después de su salida oficial, y pienso hacer lo propio con la nueva generación. Vamos, que no hay prisa por una consola nueva, un hecho que además puede representar ese cambio del que he estado hablando pues no voy a negar la posibilidad de que, llegado el momento, me pueda acabar decantando por la versión digital del sistema que decida comprar en detrimento de la que cuente con lector, dada la actual política de distribución de contenidos que las compañías llevan a cabo desde hace algunos años...

Porque, ¿qué sentido tiene poseer un juego en disco o tarjeta que recibe cambios en formato digital incluso en el mismo momento de su salida, amén del contenido adicional que pueda llegar más adelante, siendo imposible conservar todo en el soporte original? Esto lleva a la inevitable conclusión de que, visto lo visto, es mejor tenerlo todo en digital en el disco duro de turno o el sistema de almacenaje externo que se elija, algo que seguro que vieron quienes llevan ya tiempo haciendo uso de esta forma de consumo tanto en el PC como en dispositivos móviles. 

Sin embargo, el asunto de la retrocompatibilidad me interesa y hacer uso de esta me obligaría a ir al modelo con lector. No es que ello sea un problema para inclinarme hacia lo digital en lo que se refiere a compras actuales, aunque sí que implica un gasto mayor en la adquisición de la máquina. A este respecto he de reconocer que me llama más Xbox que PlayStation, si es que finalmente se cumple lo que sus responsables dijeron. Además está el Game Pass, servicio que en mi situación me ayudaría mucho a conocer y disfrutar de abundante material sin que ello suponga una merma importante en la economía personal. 

Por el momento no cierro ninguna puerta pero lo que, como dije al principio, me resulta realmente curioso (y en cierta forma también triste) es el haberme dado cuenta de cómo el progresivo conocimiento de este mundillo me ha ido aportando una visión que antaño no tuve y que si bien me ha permitido ser más crítico también me ha restado cierta libertad, esa que en su momento hizo que no me preocupara de otra cosa que de jugar, y sirvan como muestra los cambios que afronté durante la primera mitad de los años 90 sin que lo bueno o malo de cada uno me inquietase lo más mínimo, ya que ni siquiera se me pasó por la cabeza la mera idea de cuestionarlos. 

¿A qué cambios me refiero? Pues pasar de los juegos en casette del Amstrad CPC a los de cartucho de Mega Drive y, posteriormente, a los discos ópticos de Saturn y sucesivas, y todo ello con el mercado arcade todavía vigente. Cuatro formas distintas de disfrutar de los videojuegos, cada una con sus cosas buenas y malas, que convivieron durante mucho tiempo sin generarme preocupación alguna. Sin embargo, ahora que soy más viejo, me inquieta abrazar esta nueva forma de consumo porque soy consciente de lo que ganaré con el cambio pero también de lo que voy a perder, y me cuesta mucho desprenderme de esa parte por muy buena que sea la otra...

Y creo que el mayor problema de esto es, como me dijo un amigo hace poco, que he pasado de ver el mundo de los videojuegos como jugador a hacerlo como consumidor, lo que me ha vuelto mucho más exigente no en términos de calidad pero sí de crítica hacia determinados modelos de negocio que no son muy éticos pero que a pesar de ello se han terminado imponiendo porque el grueso de los usuarios así lo ha determinado al continuar adquiriendo juegos a pesar de que estos reciben casi siempre parches y contenidos adicionales, a menudo a precios desorbitados, y que rara vez aportan algo positivo más allá de lo meramente estético. 

Por eso a veces desearía no saber tanto, ser más como era antes y limitarme a coger de aquí y de allá para disfrutar de la que siempre ha sido una de mis mayores aficiones, una que me ha dado grandes momentos pero que, de un tiempo a esta parte, me ha generado muchas insatisfacciones por culpa de esa cara oscura que ha ido aflorando en parte gracias a los medios actuales y en parte a la propia reflexión personal que me ha hecho ser consciente de su existencia. Por desgracia no puedo volver a ser el que fui una vez pero sí que puedo tratar de controlar lo que me llega y decidir qué es mejor para mí, aunque va a ser complicado que pueda evitar sentir inquietud cada vez que sepa de un nuevo problema con un determinado juego o compañía, especialmente si se trata de algo a lo que le tengo puesto el ojo para una compra futura.  

Dichosos aquellos que tenéis la fortuna de no preocuparos por según qué detalles y os dedicáis en plenitud a pasarlo bien con aquello que adquirís porque os puedo asegurar que, al menos en mi caso, el precio que he pagado por un conocimiento que, supuestamente, me debería haber hecho más libre ha sido bastante alto en este sentido. Tampoco renegaré de ello, pero desde luego no puedo decir que me sienta feliz o, por lo menos, no en la misma medida que lo fui antaño pero no pierdo la esperanza de volver a serlo algún día si al fin logro abstraerme de las cosas negativas y me centro en las positivas, que empiezo a pensar que es lo que tenía que haber hecho siempre... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario