24 de julio de 2020

Realidades que no existen


O eso es lo que parece que podemos encontrarnos en el mundo de los videojuegos, especialmente en ciertos géneros y/o juegos concretos. Y no me refiero a las aventuras de fantasía que, obviamente, tienen manga ancha en su representación de mundos, personajes e historias sino en obras que, a menudo, presumen de realistas y ofrecen la posibilidad de vivir situaciones que, en circunstancias normales, nunca tendremos la menor ocasión de experimentar.

A este respecto, muchas veces pienso que está muy bien tener dicha oportunidad pero en la vida hay otras realidades que no tienen por desgracia la misma representación virtual, tanto en número de juegos como en la calidad de estos y eso cuando dicha representación existe. Por eso yo quiero en este post de reflexión exponer un par de ejemplos, aunque posiblemente haya más, sobre realidades que por diferentes motivos rara vez son recreadas en un videojuego...

El primero lo encuentro en los juegos de conducción. Por definición, el género busca reproducir las sensaciones de vértigo y alta velocidad de las carreras de coches y/o motos, y ello implica la presencia de vehículos de alta gama y prestaciones a los que es prácticamente imposible que el común de los mortales tenga acceso en el mundo real. Pero ello no quita que pueda darse la opción de poder conducir en competición o por puro placer un turismo o moto de calle de los que habitualmente vemos en la vía pública. Es cierto que algunos simuladores ofrecen esta posibilidad pero siempre es a modo como de tutorial, en el que comenzamos a trabajar nuestras habilidades para ir pasando posteriormente a modelos más potentes.


Los únicos juegos que recuerdo de cuantos he conocido a lo largo de los años que me han permitido acercarme (y no como me habría gustado) a coches más comunes han sido "Metropolis Street Racer" y, en menor medida, su sucesor el primer "Project Gotham Racing". Por razones obvias de progreso, no siempre se puede estar con esta clase de vehículos pero ello no quita que pueda apetecer de vez en cuando regresar a ellos para conducir con más calma y menos presión.

El otro ejemplo sería el de "Los Sims", el famoso "simulador social" de EA, en el que nuestro objetivo es llevar a uno o varios miembros de una familia a lo más alto tanto en poder adquisitivo como en el terreno laboral y en la relación con amigos y vecinos, todo ello en entornos agradables en el que es posible disfrutar de jardín y piscina entre muchas otras comodidades más propias de personas de clase alta que de aquellos que sufren para llegar a final de mes. Un sueño, un anhelo que muchos solo pueden ver cumplido de manera virtual gracias a este título.


Pero nuevamente nos encontramos ante el mismo panorama, ese que pone lo puntero, lo más caro, lo más exclusivo como meta absoluta mientras se olvida de todo lo que hay por el camino. Parece que quienes no tienen la suerte de llegar tan lejos no tienen el mismo derecho a ver representada su realidad, esa con la que conviven a diario, en el mundo del videojuego. Y aquí, por desgracia, no puedo mencionar ningún título que se aproxime a esta en el mismo sentido que lo hace la obra de EA.

Y es que los videojuegos, como otras expresiones artísticas, son un fiel reflejo de la sociedad no en su realidad pero sí en sus deseos pues quien más, quien menos, todos hemos suspirado en alguna ocasión por tener una casa más grande, un coche más potente, un sueldo más alto y, en resumen, una vida mejor, al menos en el plano material que es, al fin y al cabo, lo que mueve a un mundo en el que, nos guste o no, también existe lo barato, lo que no tiene "glamour", lo que otros desechan empujados por esa búsqueda de prestigio social que a la postre se convierte en el motor de sus vidas. Y las redes sociales son buena prueba de esto.

Sin embargo, no todos buscamos ese prestigio y nos sentimos cómodos con nuestra "pobreza". Por ello me gustaría que hubiera alguien en el mundo del videojuego con suficiente valor y osadía para reflejar esas otras realidades más mundanas que, a día de hoy, parece que no existen para la mayor parte de los estudios de desarrollo y, también, para una comunidad demasiado empecinada en llegar a lo más alto, en ser más que los demás. Y poco importa si es de manera ficticia porque la sensación, al menos durante el tiempo que se esté jugando, será casi la misma... o eso piensan.

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