20 de febrero de 2018

Mis inicios como jugador de videojuegos


Siempre, en cualquier cosa, hay una primera vez. En lo referente a los videojuegos hubo un instante en nuestra vida en el que se produjo ese primer contacto que nos convertiría en lo que somos hoy, jugadores. No creo que una experiencia, que en según quienes puede calar muy hondo, se olvide fácilmente y estoy seguro de que todos vosotros aún recordáis ese momento como si hubiera sucedido ayer mismo.

En este artículo os relataré cuándo y cómo empecé en esto de los videojuegos, desde el primero que tuve la inmensa suerte de conocer y jugar en un mueble recreativo a las primera máquinas domésticas que me permitieron hacer (casi) lo mismo en mi propia casa posteriormente. Sé que muchos os sentiréis identificados de alguna forma con lo que me dispongo a contar y, si queréis compartir vuestras experiencias, en la zona de los comentarios tenéis todo el sitio que necesitéis.

La primera partida

No recuerdo bien el año pero dado que el juego del que voy a hablar es de 1985, es probable que fuera, sino ese, el siguiente como mucho. En mi calle había un bar que mis padres solían frecuentar a diario. Allí el dueño tenía una máquina recreativa cuyo juego cambiaba cada cierto tiempo, lo que explica que llegara a conocer y disfrutar diversos juegos en el mismo lugar sin tratarse este de un salón recreativo, a los cuales por entonces todavía no iba.


El juego que me hizo echar una moneda y ponerme a los mandos de una máquina por vez primera en mi vida fue el adictivo "Finalizer: Super Transformation" de Konami o, como lo conocíamos nosotros, "la máquina de los transformers", un arcade de scroll vertical en el que manejábamos una nave que podía convertirse en un gigantesco robot de combate. En cada pantalla aparecían diversas oleadas de enemigos que seguían patrones predefinidos, y a los que debíamos derrotar para seguir avanzando hasta llegar al enemigo final de cada nivel, el "Bomer" o "Boomer" (no recuerdo cómo surgió ese nombre o si era el suyo verdadero). Lo curioso del juego es que su patrón en lo referente a estos se repetía de manera constante. El primero era de tamaño medio y permanecía estático en el centro de la pantalla mientras nos disparaba. El segundo era idéntico pero ya se movía de un lado al otro y el tercero, más grande, seguía ambos patrones, manteniéndose quieto hasta que rompíamos una especie de protección que lo hacía moverse a continuación. Una vez liquidado, volvíamos en el siguiente nivel a vernos las caras con el primero y así sucesivamente...

La imagen que me ha quedado de este "Finalizer" es, paradojas de la vida, la de un juego sin final, pues recuerdo bien haber conseguido llegar hasta más allá del décimo jefe y seguir jugando sin que nada hiciera pensar que aquello se acabaría. No me gustaría concluir este repaso sin hacer mención a los campos de asteroides que, a veces, se ponían bastante chungos y costaba lo suyo esquivarlos (no se podían destruir)...

Mi primer ordenador

Corría el año 1990 y llevaba un tiempo suplicando a mi progenitor que comprara un ordenador. En concreto un Amstrad CPC 464 (cassette), que era el que tenían mis amigos del barrio para, de esta forma, poder intercambiar juegos y programas con ellos puesto que, como empezaron mucho antes que yo, ya atesoraban una enorme cantidad de estos y esperaba que me dejarían unos cuantos mientras llegaba el momento de comprar los míos propios.

Lo cierto es que, por fin, mi deseo se vio cumplido aunque por desgracia un poco tarde, ya que por aquel entonces el sistema daba sus últimos coletazos. Cuál fue mi sorpresa no obstante cuando, al volver del colegio, me encontré con dos cajas con el rótulo AMSTRAD grabado en ellas. Supe de inmediato que ya iba a poder jugar a los juegos que tenían mis amigos, y ello me alegró mucho. Lo que no podía saber era que iba a poder hacer eso... y más, puesto que el ordenador que mi padre compró no era el modelo clásico, de color negro y enorme teclado. No, en su lugar me topé con una máquina de color blanco, con un teclado más fino y un monitor enorme que pesaba lo suyo...


Sí, me habían comprado un Amstrad CPC 464... ¡Plus!, un híbrido entre el clásico y la consola Amstrad GX4000 (la cuál fue un rotundo fracaso por precisamente salir a destiempo), como descubriría años después. No era la máquina que yo conocía pero eso poco importaba. Lo importante era que por fin podía jugar a un montón de juegos de cinta, además de hacer mis pinitos en el mundo de la programación con el lenguaje BASIC 1.1 y, a pesar de los enormes fallos en su diseño (no hacía ruido al cargar y no contaba con contador de vueltas en el reproductor de cinta), le seguí dando mucho uso hasta casi finales de los 90, especialmente al "Burnin' Rubber", un juego de carreras en formato de cartucho que venía con el ordenador y que servía, a su vez, de llave de encendido del mismo.

Mi primera consola

Dado que el pack que me compré vio la luz en 1993, tuvo que ser entonces o poco después cuando de nuevo, después de insistir pacientemente a mi padre, logré que me comprara la que fue mi primera consola ("Si ya tienes un ordenador, ¿para qué quieres ahora una consola?", me decía)...


La candidata escogida fue la Mega Drive de Sega, una máquina cuyos juegos me habían dejado asombrado (cosa normal, viniendo del CPC). Nada más saber de su existencia supe que tenía que ser mía, pero no fue hasta una rebaja que recibí el beneplácito del "jefe del Estado mayor" y pudimos comprar uno de los varios packs que vieron la luz. En concreto fue el llamado "Mega Acción", compuesto cómo no por "Sonic The Hedgehog" y otro cartucho, el "Mega Games 2", que incluía tres grandes joyas: "Golden Axe", "Revenge of Shinobi" y "Streets of Rage". Durante meses eso fue lo único que tuve, por lo que los aproveché muy bien tanto a solas como con los amigos que subían a mi casa a disfrutar de una máquina que, por entonces, tenía conectada a una enorme televisión de 32" en la que daba gloria ver estos grandiosos juegos.

Posteriormente fueron llegando más y a día de hoy todavía conservo gran parte de la colección que llegué a tener, con títulos como "Alisia Dragoon", "Super Street Fighter II" o "Virtua Racing" entre otros. Fueron, sin ninguna duda, mis mejores años en lo que se refiere al disfrute de videojuegos hasta la llegada de la Saturn, pero casi nada de lo que hay ahora se puede comparar en términos de diversión a todo lo que os acabo de describir. Puede que solo sea cosa de la edad pero es posible también que, como muchos pensamos, haya en esta percepción algo más que una mera nostalgia...

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