3 de febrero de 2018

Afición pendiente de un hilo


Este post no está escrito con ánimo de desprestigiar a un sistema o al propio mundo de los videojuegos pero lo que me ha sucedido esta tarde me ha hecho darme cuenta (aún más si cabe) de lo fino y delicado que es el lazo que todavía me une a él, y a pesar de que no voy a dejarlo de un día para otro no es menos cierto que, poco a poco, mi interés por las cosas nuevas no es ni de lejos el de antes y que va decayendo a medida que pasa el tiempo. Pero vayamos por partes...

¿Qué ha pasado que me ha hecho llegar a esta conclusión? Pues, en primer lugar, ser consciente de la falta de material, de juegos que realmente despierten en mí ese algo que me impulse a comprarlos. "¿Pero qué dice este?", os habréis seguro preguntado al leer la frase anterior, y no seré yo el que rebata el hecho de que, en efecto, hay una enorme cantidad de juegos en el mercado y muchos de ellos de excelente calidad. Sin embargo, eso no basta ya para mi. Es más, ni siquiera es necesario. No pido juegos de 9 o 10, ni siquiera de notable. Solo pido juegos que, de una u otra forma, me digan algo y o bien ninguno de los que veo actualmente me hablan, o yo me estoy quedando muy sordo...

Pero eso no es todo, porque claro, si en un sistema determinado (en mi caso PlayStation 4) no hay nada, una solución sería buscar en otros, ¿verdad? Pero tampoco aquí va todo como debería. El PC, la para muchos mejor plataforma, no la uso para jugar más allá de algún que otro emulador, algo que dicho sea de paso también empieza a dar señales de agotamiento aunque en menor medida, y de Nintendo no miro nada porque nunca he sentido el menor apego hacia la marca y sus juegos. Lo único que me queda, por tanto, es Xbox One si quiero material actual y con la idea de hacerme con una he salido esta tarde de casa. Eso sí, de segunda mano, que la economía no está para bromas.

Ya os podéis imaginar que si estoy contándoos esto es porque he regresado sin ella, y no será porque no he tenido la ocasión de hacerme con una sino porque, mientras caminaba, me he preguntado: ¿Me merece la pena el gasto para el uso que le voy a dar?, y después de meditarlo la respuesta ha sido un rotundo "No" porque si para PS4 hay poca cosa que me atraiga, en One hay menos aún y, dado que ya poseo los sistemas anteriores (Xbox y Xbox 360), la retrocompatibilidad no tiene sentido para mí.

Quiero pensar que se trata de algo pasajero, que volveré a ilusionarme cuando salga ese juego que me enganche y por supuesto que, cuando juego, disfruto (si no fuera así, no jugaría, está claro), pero solo he de echar la vista atrás para ver que ni por asomo la situación es la misma o parecida al menos a, por ejemplo, la anterior generación, en la que sí tuve más material aunque ya no posea parte del mismo después de una concienzuda limpieza en la que me quité de encima todo aquello que ya no me interesaba conservar.

Me pienso mucho la adquisición de un juego nuevo (tal vez demasiado), y ello me frena a menudo a la hora de comprarlo porque no quiero, a pesar de la escasez, dejarme llevar por la necesidad y terminar con una estantería o disco duro llenos de impulsividad incontrolada y no de cosas que realmente deseaba tener por lo que me transmitían. "Luchar" contra el consumo desmedido tiene su lado bueno, su lado malo, y yo estoy sin duda pagando las consecuencias de ambos.

Esto no deja de ser una mera experiencia personal que, posiblemente, poco o nada aporte a quienes la lean. Pero he sentido la necesidad de compartirla con vosotros y aquí está. Espero que esto que me ha ocurrido hoy no vaya a más y no tenga que despedirme, en un futuro, de este mundillo porque eso significaría quizá tener que dejar también este blog que acaba de comenzar y en el que todavía pueden quedar registradas muchas cosas buenas que merezcan la pena recordar.

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